Vistas de Valparaíso

Hotel al aire Libre1

ÑaMaiga es una señora que tiene unos cincuenta y siete años de edad y un puesto de cocinería en la explanada. Desde tiempo inmemorial se dedica con singular empeño y con éxito vario a esa industria, y su nombre, si no tan trillado como el de don Pedro Montt2, es bastante popular entre el abigarrado personal de trabajadores del mar. ¡No son buenas las carbonadas ni las empanadas fritas que les ha servido ella siempre por modestísimos diez centavos3!

Pocas se la ganan a ella a laboriosa y diligente. Desde ciertas horas, no hay puesto más concurrido que el suyo, y todos los parroquianos, así el lanchero que acaba de desembarcar después de mediodía de cinga4 formidable o el donquero5 sudoroso y tiznado que sólo hace parar la máquina cuando tiene que trabajar el estómago, todos quedan contentos… y no digo “satisfechos”, porque la estupenda gimnasia del trabajo muscular hace insaciables las fauces de aquellos hombres, y la mayor parte de las veces los pensionistas piden repetición y amenazan, cada uno por su cuenta, arrasar con toda la existencia de aquel curioso hotel al aire libre.

Pero ÑaMaiga se da tiempo y espacio para todo. Ella y su sobrina6, la gorda y perezosa Rafaela, hunden en la lata donde el caldo echa un vaho apetitoso, el gran cucharón, y distribuyen a cada cual lo que se pide.

-¡Mándele ají, patrona! –dice uno, desde lejos.

-Mire que está bravazo, no se descuide…

-¡Benaiga! Y usté qué se está criendo… El ají cría juerza, ¿no es cierto, pichona?

Eso de pichona va para la Rafaela, como se comprende. Ella, que tiene su experiencia, opta por hacerse la desentendida. ¡Si ella fuera a hacer caso de todos los galanteos que le dicen!

-¡Ena cosa e niño! ¿Qué no vis la suegra?

-Y a vos, ¿qué? ¡niñazo!

Se discute pero no se deja de comer. Un jornalero algo letrado lee en silencio El Chileno7 del día, mientras le llega su turno de hacer funcionar las mandíbulas.

-Lea juertepu, iñor!-le objeta uno, que se trenzado con un pequén.

-¿A ver qué ice el diario de Dubiose8?

-Psh, la cosa es larga!…responde el lector, interrumpiéndose.

-¡Cuándo meno irá que el niñito ése se está pitando9 al jué!

-¡Poco niñito que no es ser Santa Crú10!

-Pa mí que erDubiose ése sale condenao…

-¡Pocas guaras11 con Santa Crú pué, hijito!

ÑaMaiga, entretanto, recorre su puesto, cumpliendo activamente su rol de dueña de casa. ¡Por cierto que ningún parroquiano quedará descontento!

En aquel momento, todo un gran trecho del malecón está de para12. Los donkeys13, las grúas, los pescantes muestran el largo brazo al aire, inmóviles, en actitud de espera. De lejos, de allá del mar sobre todo, llegan gritos inarticulados, ecos que pasan y se desvanecen… Es la hora del almuerzo.

-¿Hay almuerzo, patrona?-dice un granujilla que ha aparecido quién sabe de dónde, sucio, desarrapado, con un atado de diarios viejos bajo el brazo…

-¡Se acabó!-le dice secamente ÑaMaiga.

-¡Se acabó! se acabó… es que usté no me quiere vender.

-Sí, pues, ya está. No quiero ná con la palomilla…

-¡Y diai! no le pago con plata… O le hey robao algo a usté…

-Oye, Laucha-seca, mejor es que te vay…Pa qué te hacís el pesao-le observa un jornalero.

-¡Beh, señó! ¿No hay otro?

-Mira, mira no vengai con engallás…

-¿No está el guardián por ey?-pregunta ÑaMaiga.

En la esquina más cercana un paco luce su gallarda figura filosófica14. ÑaMaiga hace ademán de llamarle, a tiempo que el granuja se escurre detrás de una ruma de trigo silbando el Saliste feo15.

Es un hermoso día de trabajo, un sol radiante deja caer su luz sobre el puerto y aquel pedazo de playa donde hay millones de pesos amontonados por la industria y el comercio resplandece en el apogeo de su actividad. Lanchas, chalupas16 y remolcadoras surcan en todo sentido la bruñida lámina del mar. Los dos diques parecen, a lo lejos, frente al muelle, dos enormes témpanos de hielo, con su blancura deslumbrante.

Más lejos, las humaredas de los grandes vapores y la intrincada arboladura de las fragatas, de las barcas, de las goletas dan su nota en el cielo purísimo, sin una nube. Los cuervos y las gaviotas voltejean a la pesca de algo…

De nuevo se reanuda la faena. Empieza de nuevo a funcionar la formidable fuerza que empuja los remos, las plumas, los calderos… Aquello vibra y se agita como un horno gigantesco.

Desde el humilde puesto de su hotel al aire libre, ÑaMaiga observa por última vez el ruidoso movimiento del trabajo marítimo. Mientras ella y su sobrina ordenan y lavan los viejos cacharros que constituyen toda su vajilla, el ejército del músculo emprende de nuevo la brega diaria, sin darse cuenta de que ellas también, las pobres, llenan su día, cumplen su tarea…

 

1 Publicado en La Comedia Humana, el 2 de agosto de 1906, con firma de Juan Chambergo.

2 El don es nada de casual, PezoaVéliz era entonces secretario de la municipalidad de Viña del Mar en retribución a la gestión de apoyo de jóvenes a la candidatura de Pedro Montt, que hizo pública el 20 de mayo. Como nos informa Silva Castro(1964;106-107) Antes de ser presidente Montt fue contendor de Riesco, hijo de Manuel Montt(presidente en el siglo XIX ) y caudillo de la revolución que derrocó a Balmaceda.

3 Lo barato que siempre ha sido la alimentación callejera y popular.

4 Posible errata. Según la RAE, singar es un término marítimo, que significa “remar con un remo armado en la popa de una embarcación manejado de tal modo que produzca un movimiento de avance”.

5 Trabajador a cargo de unas grúas semimecánicas para carga y descarga.

6 El comercio informal de cualquier tipo tiene estrecha relación con la extensión de la familia, cada nacimiento es el de un potencial ayudante.

7 Este diario fue uno de los más populares del período, lo que le ganó el apodo de “diario de las cocineras”, por los avisos de trabajo para empleadas domésticas. Como los motes siempre son reduccionistas, profundizamos: era un diario de escritura directa donde hicieron las primeras armas muchos grandes periodistas, que le daba espacio a los crímenes, (como versifica Carlos Pezoa Véliz en “Vida de puerto”: “Por la mañana sale El Chileno:/crimen, asalto, pic-nic ameno,/por una ficha, ¡gran sensación!”) y a las provincias, aparte de entregar folletines. Pasó por administraciones diversas, desde curas a políticos:

En “las Latas del Chileno”

Leyó Carrizo a Gónzalez,

Y aunque estaba bueno y sano

Fue al cielo a cazar zorzales.

Total que con sus macanas

Los lateros del “Chileno”

Van inyectando un veneno:

la democracia cristiana.

(Juan de Alhué,ElMatasiete,Valparaíso,número 18).

Lo anterior no quita que su contenido fuera más profundo: como informa González Vera en Algunos, Ernesto Montenegro publicó su poema “Barricadas”, lo que le ganó el apodo de anarquista por parte del Director del diario. Y PezoaVéliz publicó un poema y también su mejor prosa: “El Estero de MalgaMalga” en los “Lunes de El Chileno”, lo que Alhué llamaba las latas…

8Referencia a Emile Dubois, quien ya atrapado capturaba las portadas con su desplante.

9 Matando.

10Juez encargado del caso Dubois.

11 Requiebros.

12 Detenido.

13 Grúas semimecánicas para carga y descarga.

14 Esta satírica descripción del policía se ve ampliada en un texto llamado “Los pacos” de Pezoa Véliz, y que tiene que ver con el proceso de formación del cuerpo policial en aquella época. La imagen que tenemos hoy es de una institución excesivamente formal, al punto de haber llegado a la “ley mi cabo” que prohíbe ofenderlos. Una perla de “Los pacos”: “Pues bien. Ese hombre romántico de apariencias, que parece embobado en la poesía nocturna, no es exacto que mire nada en las alturas: ronca.

Ronca de manera reposada, metódica y casi reglamentaria, como es buena costumbre en todo guardián de punto que representa a las autoridades en aquellas horas”(En La Comedia Humana,número 36, 2 de diciembre de 1905).

15 Marcha dedicada a los suplementeros.

16 Pequeñas embarcaciones a remos.